La luna iluminaba el oscuro mar, pálido a sus ojos. Había antorchas que flanqueaban un pequeño camino desde la casa hasta la playa, donde había una hoguera al final. Las luces de la casa estaban encendidas y había guirnaldas y demás colgados por fuera y por dentro.
Para mi sorpresa habíamos sido de los primeros en llegar, y todavía no había mucha gente.
-Oye,¿no hay muy poca gente?
-Sí,¿qué hora es?
-Las diez y media-le contesté. Habíamos decidido llegar un poco más tarde precisamente para que fuera llegando la gente, y mira que casualidad, casi nadie.
-Esto es un poco raro, debería de estar lleno de gente.
-Bueno, entremos a ver que pasa.
Nos dirigimos a la entrada de la casa, que estaba abierta. Al llegar salió Vanesa a recibirnos con pintas de no estar de buen humor.
-Hola, Vanesa, ¿pasa algo?
-Hola chicos, buf... todo a salido mal... maldita sea...- dijo cruzándose de brazos y mirando al suelo apenada.
Vanesa era una chica de estatura media, morena, de ojos verdes y muy guapa. La verdad que a primera vista podía parecer la típica chica guapa creída, pero luego era una chica muy maja y simpática, que no juzgaba a nadie por su aspecto.
-¿Y eso?
-Sandra... la muy zorra se enteró de que iba a hacer una fiesta y ella también se puso a montar otra, y ahora está todo el mundo en su fiesta.
-¿En serio? Vaya... bueno, tu tranquila Vanesa, vamos a pasarlo bien los pocos que seamos.¿Quién ha venido?
-Pues estamos Andrea, Marta, Álvaro, Ángela vosotros y yo...-en sus ojos podía verse una clara decepción y la vez una gran ira.
-Bueno, pasemos entonces.-les dije.
Los tres pasamos dentro, donde se oía una música no muy fiestera de fondo. Entramos en el salón, donde estában los antes nombrados. Álvaro y Andrea estaban sentados en el sillón hablando tranquilamente de algo que solo ellos sabrán, ni tampoco me interesaba adivinar. Marta estaba hablando con otra chica que estaba de espaldas a mi, así que no le vi el rostro. Por lo que parecía ella debía de ser Ángela, ya que era la única de allí que no había reconocido. Seguimos a Vanesa que se dirigía hacia Marta y Ángela, que estaban sentadas en unas banquetas y apolladas en un arco que daba a la cocina.
-Chicos, ésta es Ángela- dijo Vanesa haciendo un movimiento con la mano en su dirección. Ésta se dio la vuelta inmediatamente dejando visible su rostro.
De repente todo pareció ilumarse, el tiempo se paró, ya no percibía la música de fondo, ni a Victor, ni al resto de eprsonas de la sala. Todos mis sentidos se centraron en ELLA, en esos ojos, marrones, esa mirada que haría que el viento dejara de soplar, que las estrellas dejaran de brillar, o que el mismo sol se escondiera si ella quisiera. Pero las estrellas no se apagaron esa noche, brillaban más que nunca, parecía que todo mi mundo se había iluminado de repente, ya nada estaba mal, ahora todo iba bien, siempre que ella lo estuviera, por que mi mundo empezó a girar en torno a ella en ese mismo instante. Su larga melena provocó una freca brisa de olor a fresa que me embriagó por completo.
-Hola- dijo ella mostrando una sonrisa que hizo que mi corazón dejará de latir por un segundo.
-Hola, encantado.- dijo Victor mientras la daba dos besos.
Fueron dos segundos, ni más ni menos, pero fueron los más largos de mi vida. Me quedé parado, ausente, sin saber que hacer, como hipnotizado, cuando al fin reaccioné y me incliné para darla dos besos.
- H-hola, e-encantado-conseguí articular poniéndome rojo.
-H-hola...-ella parecía haber notado mi nerviosismo, y ella también se puso nerviosa. Al darla dos besos volví a oler aquel perfume a fresa tan maravilloso. Tras esto nos ruborizamos, ella agachó la cabeza y dio un largo trago a su copa de lo que fuera que estaba bebiendo.
-Ha venido aquí un par de semanas antes de volver a irse a estudiar a Nueva York.
-¿A sí?¿Y que estás estudiando?- la pregunté.
- Ahora mismo estaba con la producción musical, me gustaría algún día sacar mi propio sello y demás... pero esas cosas son muy complicadas hoy en día- hasta ahroa no me había dado cuenta, pero su voz era dulce, suave, acariciaba tus oidos...era como escuchar una frágil melodía bajo las gotas de lluvía.
-Anda, pues que casualidad, yo soy músico, a ver si hablo con mi productora y te consigo algo si quieres.- la ofrecí amablemente. En ese momento Victor fue a saludar a Álvaro y Marta y vanesa empezaron otra conversación aparte más alejados de nosotros.
-Oh, ¿en serio? muchísimas gracias, esto... espero que no sea molestia ni nada...
-Oh no, tranquila, yo hablo con ellos a ver si te pueden encontrar algo.
-Pues muchísimas gracias de nuevo.
-De nada.-temía que nos quedaramos sin conversación y por lo tanto sin oir aquella voz, así que rápidamente la pregunté- ¿Y qué haces por aquí?
-Pues nada, he venido a pasar unos días con mis tíos, que hacía mucho tiempo que no les veía.
-Aaah, bien, , bien, está bien eso de visitar a la familia de vez en cuando...
-¿Y tú vives aquí?- buf, menos mal que ha hablado, me quedaba sin conversación.
-Sí, sí, vivo aquí, vamos, aquí de la casa de Vanesa no, yo vivo algo más arriba- ¿pero qué cojones?La estaba cagando, no quería ser un graciosillo, a lo mejor no la atraía...
-Jajaja, te entiendo, tranquilo- ... vale, bien...
-¿Y estás durmiendo dónde tus tíos?
-Ah, no, que va, estoy durmiendo en un hotel no muy lejos del pueblo... no está mal. En casa de mis tíos no hay hueco suficiente para tanta maleta, aparte que, quiero verlos, pero no estar con ellos todo el día, jajaja.
-Jajaja, no, imagino que no. oye, ¿y por qué no te quedas a dormir en casa de Vanesa?
-Uf, no, paso, vengo de viaje de relaz, y quiero dormir...
-No ya, si sé lo que es dormir con colegas, jajaja.
-Uf, me apetece tumbarme en la arena, ¿me acompañas? -cojonudo.
-Oh, claro que sí. Vamos.
Salimos por la puerta trasera y fuimos por el camino ladeado por antorchas hasta llegar cerca del agua. Ella se quitó las Converse que llevaba y se remangó los pantalones hasta las rodillas. Llevaba unos vaqueros oscuros y una camiseta de tirantes ajustada de Los Ramones, que dejaba ver su cinturón de pirámides. Yo hice los mismo y la seguí hasta la orilla, donde estaba ella.
-Uf, no recordaba lo fría que estaba el agua por aquí.
-Sí, imagino que por Nueva York habrá playas más calentitas, ¿no?
-Bueno, no te creas, jajaja- su risa era...era...mágica, como la noche. Las estrellas brillaban dejando ver un estampado precioso. El cielo estaba totalmente despejado, y no hacía mala temperatura.
Nos pasamos hablando más de una hora mientras andábamos por la orilla y dábamos un paseo por la playa.
Todo parecía tan...perfecto...
-Bueno, creo que es hora de que me vaya, el último autobús creo que pasó hace ya horas, y los taxis cuestan más a aprtir de las doce.
-Espera, yo puedo llevarte en mi coche, si no te importa claro... no es un Ferrari, pero está bien.
-¿En serio?Sí no es molestía...
- Claro que no, además, si quieres, puedo enseñarte un lugar...especial. Es muy bonito, y no está muy
-Tranquilo, ya me habías convencido- me cortó.
Nos metimos dentro de la casa de Vanesa, nos secamos las piernas, y salimos de nuevo por atrás sin que nadie se enterara.
Al llegar al coche ella lo redeó por delante y abrió la puerta del copiloto.
-Es muy bonito.
-Gracias, aunque creo que le haces competencia.- joder, ¿de verdad soy tan cutre?
-Jajaja, gracias.- dijo poniéndose roja y entrando en el coche.
Puse en marcha el coche y vi como Victor me miraba confuso. Cogimos la carretera y nos dirigimos hacía el mirador de Luna, un mirador a unos veinte minutos que tenía vistas de todo el pueblo, y era precioso.
-¿Puedo poner la música?
-Claro, claro, pónla.- espero que le gustase lo que llevaba puesto...
Ángela apretó el el botón y la música comenzó a sonar.
-¡Oh!
-¿Pasa algo? ¿No te gusta?- en la radio tenía metido un disco de Despistaos, y estaba sonando Estrella.
-¿Estás de broma?¡Pero si me encantan!
-¿En serio? Oooh, sube el volúmen si quieres.
Ángela subió el volumen de la radio y comenzó a cantar. Bajó la ventinilla y saco la cabeza y los brazos mientras cantaba y gritaba.
Al cabo de veinte minutos habíamos llegado al mirador, donde aparqué el coche.Nos bajamos del coche y nos acercamos a la barandilla.
-Oh, es precioso, Jack...-se agarró a la barandilla y contempló el juego de luces entre estrellas, farolas y la luna.
-¿Te gusta?
-Sí, es precioso, en serio.-Ángela miraba espectante aquel espectáculo.Nos pasamos allí media hora los dos mirando.
-Bueno, cuando tu quieras te llevo al hotel.
-Oh, perdona, no me había dado cuenta, lo siento si te he molestado, yo no quería...
-Que no pasa nada, si yo estoy muy bien aquí, no me importa, ¿quieres que saque una manta del coche?
-Vale, ya empieza a hacer algo de frío.
Fui al coche y saque una manta que llevaba por si las moscas en el maletero.Nos tumbamos en el capó del coche y nos arropamos con la manta.
-Que bonitas están las estrellas.-dije ovbservándolas.
-Sí...
Pasaron los minutos y la noche seguía igual de bella.Ya notaba como Ángela se iba quedando dormida y empezaba a reposar su cabeza sobre mí.
Ya no sabía si esto era real o estaba soñando, pero fuera lo que fuera, quería quedarme aquí, con ella,.Que el tiempo pasara, que ya envejeceríamos.Que las horas fueran muriendo, que con el recuerdo las reviviríamos. Que el día nos guiara mientras la noche nos arropara. Una llama acabava de encenderse en mi enterior , que en nuestros sueños permanecería viva por siempre, pasara lo que pasara.
Todo era perfecto, la luna, las estrellas, la noche y ella. Los dos, como uno solo.
Todo estaba en calma, en silencio...
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